Escribo estas líneas en Barajas, mientras espero la salida del avión que nos llevará a Chile y Argentina a los representantes de la Ponencia de víctimas de violaciones de derechos humanos del Parlamento Vasco.
Vamos a Chile con el propósito de ver como otras sociedades, con experiencias más o menos recientes de violencia y represión, han hecho frente a su pasado y van construyendo la memoria del sufrimiento y de las víctimas que produce.
En estos últimos años, la sociedad vasca ha dado pasos muy importantes en el reconocimiento de las víctimas del terrorismo. Después de haber pasado tiempo olvidadas, como escondidas porque eran la señal viva y doliente de un fanatismo que nos avergonzaba a la mayoría, su memoria se ha ido haciendo presente y ha servido para que hayamos ido construyendo el relato de una sociedad amenazada y chantajeada por quienes querían imponernos su proyecto contra la voluntad mayoritaria.
Pero al dirigir los focos de la atención pública hacia ese lado íbamos dejando más evidente las sombras del olvido de aquellas otras víctimas que había provocado la dictadura de Franco primero y los excesos de funcionarios del Estado en la lucha contra el terrorismo después. Me refiero a decenas de personas, la mayoría de ellas absolutamente inocentes, que perdieron su vida o sufrieron graves lesiones físicas y psíquicas en controles de carretera, manifestaciones, actuaciones de “grupos incontrolados” etc, así como a quienes sufrieron torturas en centros de detención.
Estas “otras víctimas” no sólo sufrieron gravísimas violaciones de sus derechos humanos, sino que además también han tenido que sufrir la doble victimización de ser presentados como “victimarios”, y asistir al silencio cuando no a la ocultación oficial y oficiosa de la verdad.
Defender su derecho a la verdad, la justicia y la reparación, no supone en modo alguno justificar la existencia de un conflicto con dos bandos, de dos violencias legítimamente enfrentadas. No supone equiparar violencias, sino tratar de un modo igual a violaciones de derechos humanos iguales.
Cuando ETA ha anunciado el “cese definitivo de su acción armada”, nos queda seguir luchando por su desaparición definitiva, por el fin de su tutela. Y sobre todo nos queda la construcción de la Memoria en este País, en el que estén presentes todas las víctimas del sufrimiento. En el que no quede ninguna duda de lo ilegítimo, lo injusto y lo dañino de la violencia ejercida durante tantos años. Requiere que quienes la han practicado, defendido, o tolerado reconozcan críticamente el daño causado.
Solo así podremos avanzar en la construcción de una sociedad conciliada y reconciliada. Una sociedad que recordando todo lo sucedido impida que algo así pueda volver a suceder.
Espero que los próximos días en Chile y Argentina nos permitan, compartiendo experiencias con otras sociedades sacudidas por la violencia, avanzar en ese camino.
Iñigo Iturrate Ibarra
2012/05/14 10:00
ES TIEMPO DE UN GOBIERNO SERIO Y ESTABLE2012/01/19 10:00
CONVIVENCIA Y MEMORIA2012/01/10 09:23
Hoy he llorado en Paine