
Hoy he llorado en Paine. Sé que hay gente que opinará que no está bien que los políticos lloremos en público. De hecho recuerdo una intensa polémica en las redes sociales cuando una ministra italiana rompió a llorar en una rueda de prensa en la que anunciaba las duras medidas económicas que estaba anunciando.
Pero lo de hoy era algo muy distinto. Hemos visitado el Memorial del Paine. Paine es un municipio a 45 Km de Santiago de Chile, eminentemente agrícola que hoy tiene alrededor de 75.000 habitantes, y que en 1973, cuando el golpe de Estado de Pinochet tenía más o menos 12.000. De ellos, en sólo dos meses, fueron detenidos y desaparecieron 70 hombres. De hecho tiene el dudoso honor de ser el municipio de Chile con el mayor ratio de desaparecidos por habitante en aquel infausto año.
No fue el azar lo que produjo ese macabro record, si no la historia de una abortada reforma agraria, que había osado cuestionar e incluso comenzar a transformar las estructuras de poder secular en aquella sociedad latifundista. Y por eso además fueron doblemente crueles aquellas desapariciones y ejecuciones, porque fueron realizadas no sólo por militares sino por civiles, vecinos y compañeros que delataron y ejecutaron personalmente a aquellas víctimas y que siguieron viviendo junto a sus familiares hasta el día de hoy.
Durante unas horas hemos compartido historias y reflexiones con esposas, hijas, nietas, de aquellos setenta hombres. Ellas nos han contado cada una de las historias que había detrás de cada uno de ellos. Han recordado, todavía con emoción a pesar de los años transcurridos el día, la hora y la forma en la que fueron sacados de sus casas y hechos desaparecer. Las horas, los días, los meses y años dedicados a saber qué era de ellos, yendo diariamente hasta Santiago a buscar a sus maridos, padres, hermanos. Esperando todos los días como la hija de Samuel Lazo encontrarse en la calle a su padre.
Hasta que decidieron unir fuerzas en construir un lugar para la memoria, un espacio orientado a educar a las futuras generaciones, a crear conciencia, y a través del recuerdo de lo sucedido en el pasado, trabajar por un futuro en el que no quepan más violaciones de los derechos humanos.
Hay una cosa que hace a Paine especial frente a muchos otros espacios para la memoria a lo largo del mundo y es que no sólo su impulso sino el diseño, la construcción material y el mantenimiento del mismo lo han hecho y lo siguen haciendo las familias de las víctimas.
El memorial está compuesto por aproximadamente mil postes de madera que con distintas alturas representan el ondular de la cordillera andina. Bajo ese bosque de postes setenta mosaicos que representan a cada una de las víctimas, como postes que fueron arrancados, al igual que lo fueron aquellos hombres, arrancados de su hogar a un destino sin retorno.
Cada uno de esos mosaicos ha sido diseñado por sus familias, tuvieron que aprender a cortar las piedras de colores para hacer las piezas de colores, con las que que luego sus manos hicieron dibujos distintos construyendo la forma en que cada familia quería que fuese recordado su ser querido.
Paine no es sólo un lugar para la Memoria, es también el fruto de un trabajo colectivo, de un deseo de mitigar el dolor a través del recuerdo, pero no desde el recuerdo del momento o el hecho de la desaparición sino de lo que fue la vida de aquellos hombres hasta que fueron arrancados de sus espacios, esos espacios vacios son los que vienen a llenar los mosaicos con la fuerza de la memoria de sus vidas.
Hoy hemos tenido otras reuniones muy interesantes y enriquecedoras, en el Instituto Nacional de los Derechos Humanos, en los que hemos compartido reflexiones sobre cómo escribir la verdad, como construir la memoria, como edificar garantías de que hechos como los vividos en Chile, o también en Euskadi, no vuelvan a repetirse.
Pero quería compartir con vosotros la emoción de lo vivido en Paine, hablaros desde el sentimiento compartido con quienes han dedicado su esfuerzo colectivo a recordar lo pasado para que no vuelva a repetirse nunca, en ningún lugar del mundo.
Iñigo Iturrate
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